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La Coctelera

fantomassehaperdido

3 Noviembre 2010

En Día de Muertos, recordando al amigo

 En memoria de un amigo: don Felipe Paz

Cuando hace muchos ayeres (pero vaya que muchos), decidí querer, e intentar, ser torero (y con esto no sabía lo que realmente decía y quería), en Pachuca no había gente que orientara a quien de pronto y de la nada, para esa ciudad, se le ocurriera ser torero.

Un día recordé a un novillero que vi cuando era aún más niño, Mario Pffeiffer Islas, Mario de la Cruz en los carteles, cuyo maestro fue el ex novillero y, desde que se inauguró la plaza monumental Vicente Segura, de Pachuca, el torilero, Eduardo Ballesteros. Decía, me encontré un día a Mario en la calle, lo abordé, le dije que quería ser torero y comencé a entrenar con él.

Posteriormente, Mario me presentó a Felipe Paz Cerón, quien había pertenecido a aquella cuadrilla de novilleros que hubo en Pachuca en la década de los cincuenta (según me parece), conformada por Ballesteros, José Luis Serrano, Carlos de la Peña, Félix Noble, Juan Alvarado, Eduardo del Arenal, Jesús Becerril, El Zacatón, Alfonso Gachús, entre otros nombres, y a los que apoyaba mucho un hombre aficionadísimo como lo fue don Abel Valderrama Vargas, que tenía una tienda de deportes y que cuando se juntaba su dinerito hacía empresa para apoyar a esa flota. Y a todo esto, a Felipe Paz le apodaban El Venado.

Algunas ocasiones tuve oportunidad de entrenar con don Felipe y con Mario. Felipe era un hombre clavado en su sentido de la Fiesta de los toros, una visión muy peculiar de verla y sentirla. Tenía un automóvil, como modelo 71-73, al que le decía "Pánfilo"; una auténtica reliquia.

Con su auto fuimos a varios pueblos a los toros, y a torear también. Recuerdo bien una vez en Santa María Nativitas Atengo, allá por Tezontepec de Aldama, Hidalgo, cuando sólo era un ruedo inmenso y los ganaderos de la región llevaban de sus terrenos animales criollos que braveaban y otros, unos toros conocidos como "cuernos de lira", que no "pasaban" por el engaño y arrebataban los capotes de las manos, por la manera de cómo traían la cabeza al "embestir" esas reses, como se dice coloquialmente, como ventilador, y era toda una aventura ir para allá.

Y un día se presentó la oportunidad de ir a La México, y fue con él. Yo quería conocer la Plaza México, y esperaba que toda la historia que cargaba el escenario más grande del mundo me la presentaran con todo lo que era, me la contaran, pero don Felipe sólo me llevó a ver un festejo y ya, ni siquiera al menos me dijo: "esta es La México". Nada. Y me sentí como si hubiera ido a cualquier otro lugar menos a la Plaza México, pero, como sea, la había conocido gracias a don Felipe porque quería que la conociera.

También, fue la primera persona que me advirtió que esto de querer ser torero es muy duro, y que el ambiente de los toros era hostil, áspero, y muy difícil.

De la misma manera, fue la primera persona que me llevó a una ganadería brava, a De Paula (cuando existía, aquí cerca de Pachuca). Ese día por coincidencia, entrenaban con vacas los rejoneadores Paco Barona y un portugués, Vítor Ribeiro, y por ahí andaban también los forcados Mario Brilha, Flavio Cedillo y Edgar Escobedo. Y fue un 14 de marzo, y la primera vez que mordí el polvo por una buena voltereta. Cómo olvidarlo.

Y don Felipe soñaba en que saliera un torero de Pachuca.

Don Felipe un día se perdió, se "tapó", como se dice en la jerga taurina, por mucho tiempo, ya no se le veía en alguna plaza de toros, pero siempre había alguien que le sabía la pista (Mario de la Cruz, Jorge Ramos, que también intentó ser torero este último, o Abel Abrego, Adolfo Espinosa. Pablo Samperio, quien finalmente logró hacerse matador de toros), y cuando lo encontrábamos, sus palabras siempre eran las mismas: "qué clase de torero de aquél", o el y/o "hay que tener categoría". Vivía en su propia Fiesta: soñaba quién sabe porqué, con un festival taurino que se celebrara a mediodía, con las grandes figuras del mundo al lado de los toreros de la tierra, en la monumental pachuqueña.

Todavía vimos a don Felipe, ya mal, consumido por la terrible enfermedad de la diabetes, el 13 de diciembre de 2009 en el festival del aniversario número 60 del diario El Sol de Hidalgo de Pachuca.

El matador Pablo Samperio encontró a don Felipe en la clínica del ISSSTE en el mes de febrero, donde tuvieron que apuntarle una pierna, y todavía ahí, en esas condiciones, don Felipe le dijo a Pablo que le rogaba a Dios porque un día se hiciera figura del toreo. Vaya.

He querido compartirles estas líneas porque así lo he sentido, como el recuerdo que es de alguien que, como pasa en nuestras vidas, dejan una importante huella en nosotros.

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iyirlb

iyirlb dijo

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11 Noviembre 2010 | 12:37 PM

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fantomassehaperdido

Pachuca de Soto, México
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Soy una sombra extraña que se extravió de su dueño, que deambula por calles inciertas intentando encontrar certezas que nunca llegarán, acaso un vacío alejado del mundo, una constante de un fracaso, un sueño perdido en un lejano abismo. Una nada a la que quizá sus partículas se le extinguieron alguna vez cuando lejanos horizontes estallaron dentro de su propia existencia. Sólo nada...

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