Un mes uno
Uno, la partida de algo, el principio de la cuenta, el primero en la numeración.
Uno es desde un segundo, un minuto, una hora, un día, una semana, una quincena, un mes o, un año, quizá también un siglo el que puede sentir un corazón aterido.
Hoy, en un mes uno, dejé aventé una canción que eres en la fecha.
En un mes uno, me salí a correr bajo mi propia lluvia porque sus nubes no podían aguantar más que seguir estallando hasta desbordarse.
Sí, aún llueve por razones que son tan válidas pero como toda también sinrazón, a veces no se entienden.
Las palabras han ido apagándose, ahogándose en una profunda noche que se ha negado a marcharse tantas veces desde que te encaminaste perdiéndote en una neblina de la que ya no volví a encontrarte pues tus pasos seguían otros pasos.
Un mes uno, y aquí, un abismo creado de recuerdos sin consumar, de promesas sin prolongar, de canciones que se fueron, que de pronto ya ni siquiera están en los bolsillos de mi vida porque de pronto veo que están rotos de tanta ilusión rota que no supe ni cómo fue, porque hasta incluso el Silvio que compartíamos, tampoco era de este lado de mi mar.
Un mes uno, y no encontraste coincidencias personales en tu maleta tan ocupada de tanto amor por una inminente razón más fuerte que quizá un desconocido-amigo como lo era mi vaga silueta.
Un mes uno, y letras en las paredes que en este uno se desvanecían, porque la espera pareció ser más emocionante que mi dicha del encuentro, y el regreso, con los brazos vacíos, sin brújula, confundidos, sin apenas respuestas.
Un mes uno, y el viaje sin blindaje, sin muros ni barreras, y asumí encarar el todo de un tu-mi destino, cuando que éste no estuvo más de mi parte.
Un mes uno, para leer otra vez la lección que las cornadas mortales se dan a cualquier edad y que nunca se curan, que desangran el alma y que las lágrimas saben tan amargas y queman tanto como el mismo ácido que aquel pañuelo que me diste en un día soleado, ha dejado de ser hasta insuficiente de tanto que ha devorado desconsuelos.
Un mes uno, de extrañarte cada instante con mi almohada, con mi cuarto desordenado como este corazón desorientado, en la gran avenida principal de helada tristeza, de tanto desencuentro, de calles tan vacías, tan frías y de la mano de la desesperación tan al lado.
Se terminaron mis pasos como las mismas palabras, y desayuno en una noche eterna desde entonces, un gran omelette de nostalgia, un gran jugo de lágrimas agridulces, y una taza hirviendo de añoranza. Hay silencios, y fantasmas en el teléfono. Y otra vez a ratos busco sedantes para olvidar pero que resultan tan agudos que no funcionan.
Un mes uno, y no tenías por qué recordarlo. Ni siquiera podías recordarlo, y quizá tampoco debía esperar a que lo recordaras ni por qué yo recordártelo.
Un destierro en medio del desierto, y aún así, en lo alto como el Sol, tu sonrisa, y en el aire, todavía tu voz y tu canción, otra vez como la primera vez que repito siempre.
Ni siquiera hubo la oportunidad de decir es “demasiado tarde” porque todo apenas era temprano, ni con segundas oportunidades porque el tiempo no regresa, alivia, cura, olvida, pero no da segundas oportunidades, y este un mes uno quise regresarlo al 2 de julio, pero ahora es otra cuenta regresiva
.
Al final de más de treinta días, y de siete años con sus meses, tú, sí, tú, como diría Filio: “nunca dejaste de ser mi verdad”.