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La Coctelera

fantomassehaperdido

7 Noviembre 2011

¿Toros sí o toros no?

Hoy comenzó la Temporada Grande en la monumental Plaza México, en una temporada diferente por la controversial propuesta no sólo en la capital del país sino en otros estados, de prohibir las corridas de toros.

Manifestaciones en contra y a favor es lo que se ve de meses a la fecha, y hoy reflexionaba acerca de esta condición de la imagen de la Fiesta heredada a través de un pueblo que nos conquistó (España). La Fiesta se arraigó tanto desde los primeros siglos que trajeron toros a México, que ha sido difícil erradicarla pese a que ha habido presidentes que la han prohibido ya en el siglo XIX y XX.

Hoy en día en un pueblo, por ejemplo en mi caso que lo he visto y vivido, de y en Hidalgo, no conciben una feria sin su día de toros, toree quien toree, desde tiempos donde sólo echaban vacas y toros criollos de la región y que iban maletillas con la ilusión de ser toreros, hasta hoy que se organizan en forma festivales (o hasta corridas), con matadores y toros de casta. Uno puede comerse todos los argumentos, válidos y no, de los que hoy buscan la prohibición de los festejos taurinos, pero en un pueblo se pueden ver los rostros de mujeres, hombres jóvenes y mayores, niños y adolescentes que sin comprender lo que ven, se emocionan, aplauden o chiflan, y después, salen a las explanadas, kioskos o simplemente a las empolvadas calles a comer los llamados antojitos mexicanos, o el algodón de azúcar o el hot cake de feria, y/o a subirse a los juegos mecánicos o a bailar donde se queda la banda a consumir horas de la noche con sus instrumentos desafinados pero con mucho entusiasmo y corazón.

Y hoy que fue un domingo de arranque de temporada en la plaza más grande del mundo, recordé cómo son los domingos para los capitalinos aficionados a la Fiesta de los toros: los hay quienes se van desde la hora del sorteo, a un inmueble que aunque todo tiene frío: el pavimento de cemento, los grandes muros y rejas, ellos ponen el calor, y al salir del sorteo se van a esperar consumir tiempo hasta que llegue la hora del festejo, yendo a comer a sus alrededores, a puntos de encuentro de los llamados taurinos, de la prensa, apoderados por ahí, novilleros por acá, chismosos por allá, todos entablando conversaciones al aire haciendo gala de sus conocimientos y “sabiduría” de que si tal torero triunfará, o que si no sé quién estará mejor, con el sol picoso y singular si se me permite la palabra, ya propio del invierno, y adentro de la plaza, el gritón de siempre con alguna ingeniosa ocurrencia (como es característico del buen pueblo mexicano), y el olor del puro, y todo aquello convertido en un tribunal que nunca se pone de acuerdo. A la salida, ya saben, algunos ya borrachos y eufóricos que quieren cargar a sus héroes efímeros del domingo por la tarde, o a censurar-abuchear si el torero ha estado mal. Cada quien con su cada cual, amigos, novia-novio, esposa-esposo o etc., se van a perder en las calles, en la noche, a hablar de si tal torero estuvo bien, mal o extraordinario, y a esperar ya el siguiente domingo para ir de nueva cuenta a la plaza, pero no piensan en si la muerte de tal o cual toro.

Sí, es una distracción-gusto-afición del capitalino como para aquel que va a las “luchas”, o al teatro (que son los menos, desafortunadamente), o a ver el concierto de algún artista que no se presenta regularmente en la capital, o al Cirque du Soleil o a alguna otra de las tantas y tantas novedades y actividades que tiene la inmensidad de la gran capital del país.

Aficionados, amigos, familiares y demás, aficionados y no, hay una realidad aparte de otras razones: vamos a los toros porque nos gusta y nos seducen las cosas que le rodean, no hay más; y hay otra realidad también: los que buscan abolir las corridas de toros sacan argumentos que no son los válidos, porque realmente el arte no necesita el sacrificio de un animal que no decide morir así y al que los taurinos dicen que eso es morir con más dignidad que uno que muere en un rastro, donde también sufre. Ok, ninguna de ambas es válida, no hay que buscar justificaciones tontas. ¿Una válida para la Fiesta?, así es: que produce trabajo a mucha gente, que es una fuente de ingresos para muchas familias, pero no hay que defender la Fiesta desde que si la conjunción de muchos artes, que si el toro no siente, que si aquello, no, más bien creo que mucha gente está despertando y si vivimos a diario con la zozobra de que hoy no nos pase nada cuando salgamos a la calle, menos queremos ver más violencia innecesaria como es, no del cómo se impone un hombre frente a un animal que no tiene conciencia y es irracional, sino cómo se va desplomando poco a poco un animal que no sabe lo que le pasará y que cuando pega su última embestida es para morir con una (digan lo que digan) dolorosa y penosa agonía.

Nos gusten o no los toros, hay una realidad.

Entonces, ¿sí o no a las corridas de toros?

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Pachuca de Soto, México
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Soy una sombra extraña que se extravió de su dueño, que deambula por calles inciertas intentando encontrar certezas que nunca llegarán, acaso un vacío alejado del mundo, una constante de un fracaso, un sueño perdido en un lejano abismo. Una nada a la que quizá sus partículas se le extinguieron alguna vez cuando lejanos horizontes estallaron dentro de su propia existencia. Sólo nada...

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